LA VERDADERA HISTORIA DE MARCOS ANA


Hasta hace poco tiempo, este personaje era un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Ni siquiera muchos de los de su cuerda habían oído hablar de él. Pero en los últimos meses, cierto sector de la sociedad, apoyado por instituciones políticas y por nuevas leyes de dudosa intención y ecuanimidad, han decidido elevar al llamado Sebastián Fernando Macarro del Castillo, alias “Marcos Ana”, a la cumbre de la gloria democrática.Además de “víctima de las cárceles franquistas” y “comunista luchador por la libertad”, tal y como él mismo se ha autodefinido en una biografía infestada de mentiras, este señor será probablemente galardonado con el próximo “Premio Príncipe de Asturias”, como lo piden centenares de asociaciones, partidos políticos y ayuntamientos, sin importarles que la verdadera historia de Marcos Ana salga a la luz, (siempre tendrán el fácil y eficaz recurso de que, cuando algunos denunciemos la biografía siniestra de su admirado vate, con considerarnos “fascistas”, se acabarán las discusiones).

Sebastián Fernando Macarro del Castillo, a quien la propaganda comunista ha pretendido convertir en poeta con el ambiguo nombre de Marcos Ana (en honor a su padre, Marcos Macarro, y a su madre, Ana Castillo), no es otra cosa que un asesino. Sus crímenes se recuerdan con horror —por el sadismo con que fueron cometidos— en Alcalá de Henares, escenario de sus fechorías. Contrasta tanta crueldad y frialdad con la edad del asesino, sólo 16 años.

Las más conocidas “hazañas” de Marcos Ana son el asesinato, de un disparo en la nuca, del joven sacerdote Marcial Plaza Delgado, en la tarde del 23 de julio de 1936. Este cruel y cobarde asesinato fue cometido en presencia de la madre y otros familiares del sacerdote. Pocos instantes después, mientras la víctima era atendida, aunque infructuosamente, por su desconsolada madre y por uno de sus primos, Marcos Ana asesinaba, también de un tiro en la nuca, a José Plaza Torres, padre del sacerdote a quien había asesinado minutos antes. Dos días antes, es decir el 21 de julio de 1936, el ahora agasajado “poeta” había asesinado a Augusto Rosado Fernández, a quien había sacado de su domicilio con el pretexto de que debía prestar una declaración sin importancia. El crimen fue cometido también personalmente por Marcos Ana en el lugar conocido por «la tierra de los ahorcados», exactamente donde ahora se alza la fábrica «Boca» de Alcalá de Henares. También se ha probado su autoría en las muertes de Francisco Mirón y de Faustino Plaza, y según testigos presenciales de la época, asesinó con el mismo método a más personas, aunque por no conocerse la identidad de las mismas, no se pueden hacer constar fehacientemente. Estas mismas personas declararon que “persona que detenía Marcos Ana, era asesinada en el acto, o poco después aparecía su cadáver ensangrentado en el cementerio de la localidad o en sus inmediaciones. También era muy frecuente verlo pavonearse en retaguardia, como un Alberti cualquiera, luciendo “valerosamente” su pistola ante sus desarmadas víctimas, a las que insultaba, escupía, agredía y amenazaba de muerte constantemente”.

Con independencia de estos crímenes, Marcos Ana también saqueó a mansalva edificios religiosos y domicilios particulares, lucrándose personalmente de los botines que obtenía.

Todos estos crímenes hubieran merecido en cualquier país la más rigurosa aplicación de la justicia. Pero Marcos Ana pudo beneficiarse de la suavidad del sistema que ahora ataca y, después de librarse de la pena de muerte -debido a que cuando cometió estos crímenes era menor de edad-, fue puesto en libertad en 1961. Arropado por la fabulosa capacidad publicitaria de la “progresía” internacional, el criminal de Alcalá de Henares pretende ahora presentarse ante la opinión pública como un manso poeta, que ha sufrido los injustos rigores de las cárceles franquistas.

Bueno, pues esta joya de persona está propuesta para el “Premio Príncipe de Asturias”.

José Barros (revista ALBA) dice haber descubierto que Fernando Macarro, alias Marcos Ana, fue el responsable de tres asesinatos en Alcalá de Henares durante la guerra. Se conocería filiación y oficio de los finados.

Como miembro del Batallón Libertad, de las Juventudes Socialistas Unificadas de Alcalá de Henares, “tomó parte directa en el asesinato” de Marcial Plaza Delgado (sacerdote), Amadeo Martín Acuña (cartero, de AP) y Agustín Rosado (campesino).

Expediente 120.976 en el Archivo Histórico de Defensa, motivos de su condena: como secretario de las Juventudes Socialistas Unificadas en Alcalá de Henares y jefe de un grupo de milicianos dentro del Batallón Libertad, “tomó parte directa” en el asesinato de Marcial Plaza Delgado el 23 de julio de 1936 y en el asesinato, el 3 de septiembre del mismo año, de Amadeo Martín Acuña y de Agustín Rosado. Condenado a muerte en 1943. Por ser menor de edad durante la contienda le conmutaron la sentencia por la inferior en grado: 30 años de prisión.

Mercedes Cabezudo, madre de Amadeo Martín, narró para Noticias Gráficas, el 23 de octubre de 1963, sus recuerdos: “Macarro y otros milicianos practicaron en mi casa un registro de dos horas, llevándose detenido a mi hijo, que fue asesinado a las siete de la tarde. (…) Amadeo Martín se puso de rodillas al morir y perdonaba a todos y pedía perdón por nosotros. Al contar esto, Macarro se reía y hacía gestos de burla”.

Victoria Fraguas Salgado incluso llegó a señalar en una fotografía para La Vanguardia, el 10 de noviembre de 1962, el lugar exacto donde, según ella, las milicias comandadas por Marcos Ana habían asesinado a su tío, José Plaza. Minutos antes, recoge el periódico, Marcos Ana había asesinado al hijo de éste, el sacerdote Marcial Plaza.

La Vanguardia, en su edición del 21 de agosto de 1963, describe las circunstancias de la muerte de Rosado: “[…] a quien había sacado de su domicilio con el pretexto de que debía prestar una declaración de importancia. El crimen fue cometido también personalmente por Marcos Ana”.

Y en el colmo de los colmos, “el poeta” ha escrito un libro con sus memorias, que ha sido prologado por el escritor Saramago, y Almodovar esta preparando una película subvencionada por el estado, con nuestro dinero, y un guión sacado del citado libro.

Hoy, con 90 años recién cumplidos, es el nuevo héroe de la memoria histórica que la izquierda ha encontrado para reabrir unas heridas que el tiempo había cerrado hace ya mucho tiempo. Alabado por todos, tanto que hasta el PP avala su candidatura al Príncipe de Asturias. Recibe premios por doquier. Hace sólo dos meses el ministro de Trabajo, el pacense Celestino Corbacho, le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Y no ha sido el único. Este mismo año, el 20 de enero, Patxi López le entregó el premio René Cassin de Derechos Humanos, y tres días más tarde, la Fundación Abogados de Atocha le condecoró con el premio que lleva su nombre. Le falta el Príncipe de Asturias, que, con tan buenos padrinos, llegará más pronto que tarde. Luego es de esperar que sus partidarios pidan el Nobel de la Paz, qué menos.

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