“Érase que se era un socialista de pro”



Nacido en una autonomía del norte de España a principios de la década de los sesenta (exactamente en 1962), desde los 16 años de edad no se le conoce más plena dedicación profesional que la política partidista, de la que percibe en la actualidad, ocupando el alto cargo ministerial o partitocrático que ocupa, el nada desdeñable sueldo de 9.000 euros mensuales brutos. Sin haber ni acabado los primeros cursos de la carrera universitaria que en su momento inició, nuestro prócer político de izquierdas tiene unos emolumentos ¡incluso superiores a los que creemos que percibe José Manuel Soria, el jefe del Partido Popular en Canarias, segundo de a bordo del Gobierno Canario, paradigma este político, porque se lo ha ganado a pulso, de los que están en política no por justicia y pudor, que diría el filósofo personalista Carlos Díaz, sino para defender intereses partidistas, clasistas, reaccionarios, neoliberales y burgueses!

De manera que es inevitable preguntarse, en esta España de los casi 5.000.000 de parados y en vista de la más que manifiestamente deleznable traición de políticos como el gallego José Blanco (¿a que sí acertaron con el nombre del político de marras según los datos y pistas por mí ofrecidos?) a los auténticos ideales de socialismo y solidaridad, preguntarse con tantas personas que sí presentan un expediente académico o currículum vitae encomiable y que están en paro o en la economía sumergida o buscándose la vida como pueden, qué explicación encuentran a esta circunstancia tan injusta. Y sobre todo, qué hacen o cómo proceden para no desesperarse ni volverse locos ante la contemplación de tamaña ignominia. ¿Será porque nos hemos vuelto tan como irremediablemente insensibles a los, hasta no ha mucho, nobles ideales de solidaridad y justicia social?

De igual modo, habría que preguntarse con los comunistas canarios que en el pasado 1º de Mayo se manifestaron en Las Palmas de Gran Canaria conjuntamente, en un gesto buscador de la unidad de los comunistas de Canarias (la unidad desde el Partido Comunista del Pueblo Canario, el Partido Revolucionario de los Comunistas Canarios y el Partido Comunista a secas). Yo, que empero no soy comunista aunque ello no importa al caso ahora, les preguntaría a algunos que ahí se hicieron presentes que me explicaran satisfactoriamente cómo es esto posible y, sobre todo, cómo tendríamos que asimilar, un día sí y otro también, la ignominia de todos esos casos de políticos falsamente de izquierdas y socialistas que viven a costa del buen nombre (buen nombre al menos socialista y militante, que anticlerical siempre ha sido el PSOE, desde su origen mismo a cargo de Pablo Iglesias, librepensador, anticlerical y materialista de inspiración masónica) que un día cada vez más lejano tuvo la organización política a la que dicen representar.

Y hacer partícipes de la misma pregunta, suscitadora de perplejidades, a todos los entusiastas de la historia del movimiento obrero y a todos los militantes sociales que, desde el ateísmo, el agnosticismo o las distintas formas de teísmo, aún siguen creyendo en el socialismo militante, compasivo y solidario: cómo encajan, en su organigrama interno de convicciones y fidelidades, realidades ya he dicho que ignominiosas como que un sujeto con tan poco oficio y beneficio como el gallego José Blanco –alias Pepiño Blanco- siga viviendo del cuento de pretender pasar por ser socialista sin serlo en absoluto, dando así una patada a la experiencia de sí auténticos socialistas de pro como Bruno Alonso o Julián Besteiro –por sólo citar a dos en España-, al tiempo que les toma el pelo a tantos parados y empobrecidos (sí, digo bien, empobrecidos) como ya hay en España.

Para concluir: Estas observaciones mías, tan meridiana y elementalmente obvias para cualquier persona con un mínimo de auténtica conciencia social, por desgracia no aparecen con la frecuencia con que debieran en los aún grandes medios de comunicación de masas (radio, televisión, prensa e Internet). Qué pena.

LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO.

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